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Papá halla al feminicida de su hija

Papá halla al feminicida de su hija

Papá halla al feminicida de su hija

Gerardo Ríos, de 63 años, se encuentra el sábado 23 por la tarde con la persona a la que llevaba buscando desde hacía más de un año. Papá halla al feminicida de su hija.

Fue en dependencias de la Fiscalía General de Justicia del Edomex. Allí, esposado, se encontraba Omar Santos Loera, su antiguo yerno, quien el 22 de junio del año pasado le llama para comunicarle que había matado a su hija Elideth.

Los policías estaban confusos, ya que él decía ser otra persona. Durante muchos años utiliza nombres falsos, de hecho estaba registrado como Erick Hernández Camacho; logra evadir a las autoridades durante años, ya que estaba buscado también por un doble homicidio por el que fue condenado a 122 años.

Mata a Elideth, siendo esta, su última huida. Estaba claro que era él. Gerardo, el padre de la hoy occisa señala:

“Se quedó mirando, y ya aceptó que era Omar Santos Loera. Le lancé una patada, solo alcancé a darle una pinche patada y los policías me sujetaron y me sacaron de allá”.

Apenas 24 horas después de identificar al asesino de su hija, Ríos acude al juzgado para la audiencia inicial. Cuando llega le anuncian que el feminicida no iba a llegar; muere en el Centro Penitenciario de Reinserción Social de Nezahualcóyotl, Bordo de Xochiaca.

Como nadie se presenta para identificar el cuerpo, tuvo que ser el propio Gerardo Ríos, el padre de la víctima, quien de fe de que ese era el asesino.

Al principio no querían dejarle verlo. Pero finalmente el juez dio la orden de que le permitan acceder a la morgue para la identificación.

Una vez en la morgue no hubo lugar a dudas. En la espalda estaba el tatuaje de la Santa Muerte que lucía su ex yerno y que le hacía inconfundible.

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Feminicida potencialmente peligroso

Omar Santos Loera, o Erick Hernández Camacho, quien se le conocía como “El Cojo” por un balazo que tenía en la pierna; o “El Ninja de Iztapalapa”, por haber matado a una persona con un sable, termina con su vida apenas un día después de ser capturado.

Lo único que se sabe es que se ahorcó. La Fiscalía del Edomex abre la carpeta NEZ/NEZ/NZ1/062/297024/21/10 por el “delito de Suicidio”.

Para Gerardo Ríos, esta muerte cierra el capítulo más terrible de su vida. El año largo que pasó desde que tuvo noticia de que su hija Elideth es asesinada hasta que el feminicida fue capturado.

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Feminicida de su hija la estranguló

Elideth Ríos Cabrera tenía 30 años cuando es asesinada. Fue la noche del 21 de junio de 2020, cuando se celebra el Día del Padre. Antes del feminicidio, que estaba perfectamente planeado; Santos Loera lleva a su hijo con su abuela y le dice que, si preguntaban por su madre, respondiese que se había quedado dormida.

Posteriormente le coloca droga en la bebida y, cuando ya no podía defenderse, acabó con su vida estrangulándola. Aún tuvo tiempo para marcar a Gerardo y decirle que había matado a su hija. Después, se esfumó.

Desesperado, aún pudo manejar hasta la colonia Metropolitana Primera Sección, en Nezahualcóyotl, donde vivía el matrimonio. Cuando llega, los policías del Estado de México a los que había alertado en su camino ya habían llegado. Por desgracia, la llamada decía la verdad. Ahí en la casa estaba el cuerpo de Elideth, sin vida.

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Papá halla al feminicida de su hija

Desde entonces la vida de Gerardo Ríos estuvo dedicada a encontrar al feminicida. Deja el trabajo en el taller, se compra una moto y comienza su labor de detective.

Cuenta que una vez entró en una colonia caracterizado como un vendedor de manzanas. Otra vez se rapó el pelo en los costados y se caló una gorra para pasear camuflado por la feria de Iztapalapa. Nunca llegó a verle, reconoce, pero no dejó de seguir su pista, asimismo explica:

“ Si lo hubiera visto, me hubiera desmadrado, pero no se hubiera ido”.

Cuenta Gerardo Ríos que el día que supo que el feminicida de su hija muere se sintió como un viejito de cientos de años. Que no caminaba, se arrastraba. Que durmió muchas horas y que al día siguiente tuvo que ir a la audiencia en la que se cerró el caso.

Esto no es lo que Ríos esperaba. Es lógico pensar que ojalá se hubiese matado él antes de terminar con la vida de Elideth, pero el pasado no regresa y tampoco nadie puede cambiarlo.

Tras un año de búsqueda incesante y el duelo todavía hay que procesarlo. Pero tiene que cuidar a su nieto, que se queda con ellos después del asesinato de la Elideth, triste expresa:

“Ahora a rehacer mi vida y buscar mi sustento. No pagó el hijo de la chingada. Ahora está muerto y tengo que buscar un trabajo”.

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Hefzi Calderón

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