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Garantizada suma de la porcicultura en la seguridad alimentaria y sana nutrición.

Garantizada suma de la porcicultura en la seguridad alimentaria y sana nutrición.

Importante la fortaleza porcícola que suma a la seguridad alimentaria con garantizada nutrición.

Por Jorge Luis Hernández

Es importante destacar que en regiones con fuerte tradición agropecuaria como Yucatán, Jalisco o Sonora, la porcicultura impulsa el desarrollo y economía de las zonas rurales y mantiene la soberanía alimentaria frente a la demanda internacional.

La porcicultura es un pilar estratégico de la seguridad alimentaria al garantizar el acceso a proteína de alta calidad. Esta industria genera millones de empleos y se apoya en sistemas de trazabilidad e inocuidad para brindar carne rica en nutrientes como tiamina (vitamina B1) y aminoácidos esenciales, en los mercados y para con su responsabilidad social en las comunidades y contribución a una buena alimentación.

La seguridad alimentaria cumple en lo general con su objetivo cuando todas las personas tienen acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos en todo momento. Esto les permite satisfacer sus necesidades energéticas y preferencias dietéticas para llevar una vida activa y sana, lo que la convierte en un componente clave del Objetivo de Desarrollo Sostenible de Hambre Cero y es donde la industria cárnica porcícola aporta su parte. Es una aportación integral de la porcicultura mexicana que también genera empleos, divisas, economía social, desarrollo en zonas rurales y suma a la seguridad alimentaria del país, de ahí la importancia de fortalecer su productividad, competitividad y sustentabilidad, como lo ha reiterado el secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, Víctor Villalobos Arámbula.

El titular de Agricultura refrenda que a través del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) continuará el trabajo coordinado con los sectores productivos, mantener la sanidad de las unidades de producción y garantizar el abasto de cárnicos por una digna y nutritiva alimentación. La industria cárnica es un pilar fundamental para la seguridad alimentaria al garantizar el abasto constante de proteína animal accesible y de alta calidad. Consecuentemente impulsa la seguridad alimentaria en la zona rural al transformar recursos agrícolas locales en proteína animal de alto valor biológico. Este sector no solo combate la desnutrición ofreciendo acceso a carne accesible, sino que fomenta el empleo y el desarrollo de la economía social en comunidades marginadas.

La porcicultura rural garantiza la seguridad alimentaria al proveer una fuente directa de proteína animal de alta calidad para el autoconsumo familiar. Además, fortalece la economía local, Cuando el sector porcino en México es valorado por su contribución social y alimentaria, también se logra un aumento productivo constante como se ha dado en los últimos años. La carne de porcino es la segunda proteína más consumida en México, ocupando el país a nivel mundial, el octavo lugar entre las naciones que más la consumen, a pesar de este escenario, se presenta una balanza comercial deficitaria frente a los grandes competidores en el mercado mundial.

La producción porcina en el sistema agroalimentario de México, debe responder a demandas nutricionales, ambientales y sociales al mismo tiempo y cada vez se moderniza sustentablemente en sus procesos de producción. Necesario precisar que el cerdo tiene ventajas claras frente a los rumiantes: mejor eficiencia de conversión alimenticia y menor huella de carbono por kilogramo de proteína producida (Vicente & Pereira, 2024). En México, el sector porcino crece y tiene espacio para la diferenciación por calidad nutricional. La carne de cerdo de sistemas regulados es una fuente sólida de proteína de alto valor biológico, hierro con absorción de 15–35 %, tiamina en la concentración más alta entre carnes comunes, vitaminas del complejo B, minerales esenciales y compuestos funcionales documentados. Su contenido de grasa varía por corte y es modificable por decisiones de producción.

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Sus riesgos sanitarios son controlables con bioseguridad, inspección veterinaria y manejo correcto en toda la cadena. La percepción negativa del consumidor no refleja el producto tecnificado actual. Corregirla es también responsabilidad del productor y del profesional veterinario. Es esa la permanente mejora continua de la calidad cárnica porcícola y la confianza en la garantizada seguridad alimentaria.

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