Estudio de Cambridge confirma que los cubrebocas son esenciales para frenar la pandemia

Según un modelo matemático que han desarrollado, el uso extenso de las mascarillas mantiene los contagios por debajo de la ratio de 1 por enfermo — Piden inculcar el mensaje: “Mi mascarilla te protege, la tuya me protege

Varias personas con tapabocas hacen fila este miércoles afuera de un centro comercial en La Habana, Cuba

El uso extendido de mascarillas faciales en lugares públicos es la clave para evitar que la pandemia siga propagándose libremente y, por supuesto, frenar una posible nueva oleada dentro de unos meses, según un estudio realizado por investigadores de la universidad británica de Cambridge y de la de Greenwich.

Sus hallazgos desvelan que aplicar tan solo medidas de aislamiento social no va a detener un posible rebrote del coronavirus. En cambio, si la población utilizara todo el tiempo mascarillas se lograría mantener el número R (la cantidad de personas a las que contagia cada enfermo) por debajo del 1.0 y se evitarían nuevas oleadas, combinando esa medida con los confinamientos.

Los expertos observan que incluso las mascarillas hechas en casa, hechas de playeras de algodón o trapos de cocina, son un 90 por ciento efectivas a la hora de prevenir la transmisión.

LLAMAMIENTO MASIVO

Por ello, hacen un llamamiento a que se divulguen campañas de información tanto en países ricos como en otros en vías de desarrollo con mensajes como: “mi mascarilla te protege, la tuya me protege”.

“Nuestro análisis respalda la adopción inmediata y universal de mascarillas faciales por la ciudadanía”, subraya el principal autor, Richard Stutt, de la universidad de Cambridge.

Precisa que si su uso extendido “se combina con el distanciamiento social y alguna medida de confinamiento, podría ofrecer una manera aceptable de gestionar la pandemia y reabrir la actividad económica mucho antes de que haya una vacuna efectiva”.

EL MODELO MATEMÁTICO

Los científicos valoraron diferentes escenarios de empleo de mascarillas, combinadas con periodos de confinamiento e incluyeron en sus modelos de estudio etapas de infección y transmisión mediante superficies además del aire, considerando asimismo los efectos negativos de su uso, como el incremento del acto de tocarse la cara.

A fin de ralentizar la pandemia, es necesario mantener el número R por debajo de 1.0 y si los ciudadanos llevaran los cubrebocas en cualquier lugar público, reducir ese parámetro resultaría el doble de efectivo que si solo las usan personas que muestran síntomas.

De hecho, en todos los escenarios analizados, el que al menos la mitad de la población use constantemente las mascarillas, rebaja la propagación de la COVID-19 por debajo de ese R = 1.0 deseado.