ZOÉ ROBLEDO: LA POLÍTICA DE ESCUCHAR PARA RESOLVER
La verdadera dimensión de un servidor público no se mide cuando todo marcha bien, sino cuando aparecen los conflictos, las inconformidades y las legítimas exigencias de quienes sostienen las instituciones. El Instituto Mexicano del Seguro Social atraviesa hoy uno de esos momentos que ponen a prueba la capacidad política, administrativa y humana de sus dirigentes. Las manifestaciones de miles de trabajadores, las demandas salariales, las deficiencias en el suministro de medicamentos y las condiciones laborales constituyen una problemática real que sería irresponsable minimizar. Pero también representan una oportunidad para demostrar que existe otra manera de ejercer el poder. Y ahí aparece la figura de Zoé Robledo, un político preparado, con formación social, sensibilidad y una característica que no abunda en la administración pública mexicana: su capacidad para recorrer el territorio, escuchar a la gente y entender que los problemas no se resuelven desde la comodidad de un escritorio.
Zoé Robledo pertenece a una generación de políticos que comprende que la cercanía con la sociedad no puede reducirse a una fotografía, un apretón de manos o una ceremonia protocolaria. No es el político tradicional del besamanos, de la sonrisa ensayada y de quien parece necesitar lavarse las manos después de saludar al pueblo. Su trayectoria ha estado marcada por el contacto directo, por conocer las realidades sociales y por entender que detrás de cada expediente administrativo hay personas, familias y necesidades concretas. Esa formación, acompañada de una extraordinaria capacidad de trabajo, explica en buena medida su permanencia al frente de una de las instituciones más complejas del Estado mexicano. Hoy, frente a las movilizaciones de trabajadores activos, jubilados y pensionados, ha optado por abrir espacios de diálogo y promover un ejercicio de escucha directa en 277 hospitales. Una respuesta que reconoce que la autoridad no pierde fuerza cuando escucha; por el contrario, adquiere legitimidad cuando demuestra disposición para resolver.
Sería ingenuo desconocer que alrededor de las movilizaciones pueden existir intereses políticos, disputas sindicales y grupos que pretenden aprovechar las circunstancias. Pero sería igualmente equivocado reducir a esas expresiones la inconformidad de miles de trabajadores. Estamos frente a un movimiento con demandas auténticas, surgido de condiciones laborales y operativas que requieren respuestas concretas. La propuesta original de incremento salarial del 6.8 por ciento, integrada por 2.9 por ciento al salario tabular y 3.9 por ciento en prestaciones, fue rechazada mayoritariamente en la consulta sindical, lo que obliga a construir nuevas alternativas. Robledo parece haber entendido algo fundamental: el reclamo de los trabajadores no necesariamente constituye una confrontación con la institución ni un ataque personal contra su director. Es una expresión que debe atenderse con inteligencia y sensibilidad. En ese sentido, su actitud guarda semejanza con la disposición al diálogo que mostró la presidenta Claudia Sheinbaum durante su reciente visita a Campeche: entender que gobernar también significa escuchar aquello que resulta incómodo, dar la cara y asumir la responsabilidad de encontrar soluciones.
Pero hay otro elemento que no puede soslayarse. El director del Seguro Social no solamente tiene la obligación de atender las demandas laborales; también debe preservar la viabilidad financiera de una institución de la que dependen millones de mexicanos. Durante su administración, las reservas financieras han experimentado un crecimiento importante, al pasar de aproximadamente 200 mil millones de pesos en 2019 a 600 mil millones en 2025. Sin embargo, el más reciente informe financiero y actuarial advierte que la suficiencia de recursos está proyectada para aproximadamente una década, con presiones crecientes a partir de 2031 y riesgos de déficit hacia 2036. Es decir, existe un fortalecimiento patrimonial significativo, pero también enormes responsabilidades hacia el futuro. Conciliar mejores salarios, condiciones dignas de trabajo, abasto de medicamentos, ampliación hospitalaria y sostenibilidad financiera exige mucho más que voluntad política: requiere conocimiento técnico, prudencia presupuestaria y capacidad de negociación. Precisamente ahí radica uno de los mayores desafíos de Zoé Robledo: responder a las necesidades del presente sin hipotecar el futuro de la seguridad social mexicana.
Por eso considero que existen condiciones para que este conflicto encuentre una salida favorable mediante el entendimiento y la negociación. La presidenta Claudia Sheinbaum ha ratificado su confianza en Zoé Robledo y ha respaldado la elaboración de una propuesta integral que atienda tanto las condiciones salariales como los problemas operativos de la institución. Es una señal importante, pero la solución definitiva deberá construirse con los trabajadores, respetando su organización y sus decisiones. La fortaleza de un dirigente no consiste en imponerse sobre quienes protestan, sino en tener la inteligencia suficiente para convertir una inconformidad en una oportunidad de transformación. Zoé Robledo enfrenta hoy una prueba de enorme trascendencia y tiene a su favor su experiencia, su formación y su capacidad de interlocución. Confío en que prevalecerán la sensatez, el diálogo y la buena voluntad de las partes. Porque, finalmente, la política de altura no consiste en silenciar los reclamos, sino en tener la capacidad de escucharlos, comprenderlos y resolverlos. Y el verdadero liderazgo no se demuestra sometiendo voluntades, sino construyendo acuerdos.
